lunes, 15 de febrero de 2010

Cine, cine, cine... Más cine por favor...

Volví de dar un paseo por El Barrio pensando que la dejadez de los vecinos había sido El verdugo que estaba llevando a La Comunidad a Un viaje a ninguna parte donde El Espíritu de la Colmena se imponía sin piedad sobre todos nosotros.

Mientras pensaba en mi Tesis sobre Las Mujeres al borde de un ataque de nervios, junto a La Cabina vi sentada en un banco a Mi querida señorita sonriendo coqueta a Tasio, dejando entrever La Ley del Deseo entre sus grandes ojos.

Seguí andando por calles estrechas, con la sensación de andar en El Laberinto del Fauno y esperando ver en cualquier momento a El Bola corriendo con un radiocassette en la mano, pero este día mi Buena Estrella no me acompañó. En estas calles, las viejas tiendas se resistían a desaparecer aunque sabían que tenían Los días contados.
 
Aunque era muy pronto para el Atraco a las tres y Míster Marshall todavía no había llegado, el cielo de El Sur brillaba sobre mi casa, situada en el triste portal 211 donde Los Amantes del círculo Polar mostraban impúdicamente su amor como si fueran Los Santos Inocentes.

Me quito el sombrero por todos los artistas y profesionales que se dejan la piel para hacer películas como estas, a pesar de la ineptitud de todos los que les rodean.  
Va por ustedes.

1 comentario:

palintropo dijo...

muy bueno esa hilada fina

Es como si james Joyce se hubiera ido de cañas con Cervantes al garito de Shakespeare y se hubiran follado los tres a Emily Bronte. Y como resultado de esa bastarda union hubiera nacido un escritor sin brazos y piernas que hubiera dictado en su lecho de muerte sus ultimos pensamientos